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sábado, 18 de abril de 2020

18 de enero de 2020, Lalla Takerkoust.

Era nuestro último día por tierras magrebíes. A las cinco de la tarde debíamos estar en el aeropuerto para entregar el vehículo de alquiler e iniciar el proceso de embarque así que, temprano, pero sin madrugar demasiado, pusimos rumbo a Lalla Takerkoust convencidas de que allí donde hay agua siempre se encuentran aves.

Recorrimos tranquilamente los apenas cuarenta kilómetros que nos separaban de nuestro destino por una carretera amplia y despejada.

Buscando una pista que nos condujese a la orilla del embalse localizamos un charquito muy sugerente para las aves más urbanitas.




Emberiza sahari (escribano sahariano), Lalla Takerkoust.

Un lugar donde intentar conseguir, si la orientación de los pajeretes era la adecuada, esas fotos que se me habían resistido a lo largo del viaje, como la del escribano sahariano.


Pycnonotus barbatus (bulbul naranjero), Lalla Takerkoust.

Y parece que fue una buena decisión, el bulbul naranjero anduvo siempre con la luz favorable.


Pycnonotus barbatus (bulbul naranjero), Lalla Takerkoust.

Los estorninos negros también se acercaron a echar un traguito...,


Sturnus unicolor (estornino negro), Lalla Takerkoust.

... igual que las tótolas turcas...


Streptopelia decaocto (tórtola turca), Lalla Takerkoust.

... o los gorriones comunes.


Passer domesticus (gorrión común), Lalla Takerkoust.

Dos chavalines, sorprendidos por ver a unos "guiris" metidos en un coche haciendo fotografías a los pájaros, se acercaron a curiosear acabando con nuestro espectáculo.

Dadas las circunstancias decidimos ir por el otro lado del embalse a intentar buscar una pista que nos condujese hasta la orilla. Tras un rato pisteando, por momentos de forma casi inverosímil, conseguimos nuestro propósito y así pudimos, con el telescopio, localizar un nutrido grupo de tarro canelo, garza real, azulón, garceta común, cormorán grande, cigüeñuela común y, una de las sorpresas de la jornada, tres parejas de ánade friso. 

También observamos archibebe claro, andarríos grande y, ya con foto, andarríos chico...,


Actitis hypoleucos (andarríos chico), Lalla Takerkoust.

... chorlitejo chico...,


Charadrius dubius (chorlitejo chico), Lalla Takerkoust.

... bisbita pratense y...


Anthus pratensis (bisbita pratense), Lalla Takerkoust.
Tortugas tomando el sol.

... un grupete de tortugas que tomaban el sol encaramadas en un árbol seco. 


Tortuga disidente tomando el sol.

El día iba pasando y debíamos ir volviendo hacia Marrakech, sin prisas, por otra carretera diferente a la que habíamos ido hasta Lalla Takerkoust, en esta ocasión siguiendo el curso del río N'Fis.


Lanius excubitor (alcaudón norteño), Lalla Takerkoust.

Por el camino aún tuvimos ocasión de ver algún alcaudón norteño...,


Falco tinnunculus (cernícalo vulgar), Marrakech.

también algún cernicalo vulgar y,


Elanus caeruleus (elanio azul), Marrakech.

a las puertas de Marrakech, la guinda final, un precioso ejemplar de elanio azul.


Elanus caeruleus (elanio azul), Marrakech.

Hasta aquí llegó nuestro estupendo viaje de "pajareo en pareja", una deliciosa experiencia tremendamente relajante y enriquecedora que ya estamos deseando poder volver a repetir.

Si quieres ver alguna foto más de esta última jornada, ya sabes, pincha aquí.

Si te apetece saber algo de primera mano más allá de lo que he contado en esta serie de entradas, no dudes en ponerte en contacto conmigo. Estaré encantado de aclararte las dudas que pueda resolverte.

En los iconos morados del maps tienes las localizaciones de los avistamientos de esta jornada.



¡Hasta la próxima!

viernes, 17 de abril de 2020

17 de enero de 2020, Oukaimeden.

Para pajarear hay que madrugar, y mucho más si sabes que tienes que enfrentarte a doscientos kilómetros de carreteras en obras y después subir un puerto de montaña por una carretera estrecha hasta los 2600 metros.

Sí, eran mucho kilómetros, pero desde el primer día habíamos hecho nuestro ese dicho local "la prisa mata, amigo", así que, armados de buen humor y la enorme felicidad acumulada a lo largo de todo nuestro viaje, salimos de Ouarzazate en dirección a Oukaimeden. Seguro que algunos bimbos nos estaban esperando.

El viaje resultó más amable de lo que habíamos previsto y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábabamos dejando la N9 y acercándonos al valle de Ourika.

Los tan esquivos hasta entonces colirrojos diademados parecían querer reírse de nosotras apareciendo esporádicamente a ambos lados de la carretera, siempre resulta muy agradable verlos, pero no podíamos detenernos ante lo que aun nos faltaba por recorrer.

La subida a Oukaimeden resulto muy laaaarga (era una de esas carreteras que te hacen recordar la infancia y aquella cancioncilla de "sube que sube, sube y verás, sube al desván de la fantasía..."), con más tránsito del que esperábamos, pero muy interesante tanto por los paisajes como por las gentes con las que nos cruzamos.

Pyrrhochorax graculus (chova piquigualda), Oukaimeden.

¡Sorpresa! Nada más pasar el cartel que nos anunciaba que ya habíamos llegado a nuestro destino, una chova piquigualda a modo de comité de bienvenida (o de supervisora de los aparcacoches que nos estaban esperando) nos saludó atentamente desde los cables. Mi primer bimbo de la jornada.

Pyrrhochorax graculus (chova piquigualda), Oukaimeden.

Tras pagar el boleto de aparcamiento seguimos unos metros por la carretera hasta localizar las primeras columnas del primer telesilla, referencia que teníamos para intentar localizar al camachuelo alirrojo. Aparcamos y empezamos a ascender paralelos a los cables sin perderlos de vista, de repente dos pajaretes se posaron en ellos, prismáticos a los ojos y a disfrutar de una preciosa hembra de la especie que íbamos buscando, el camachuelo alirrojo.

Rhodopechys sanguineus (camachuelo alirrojo), Oukaimeden.

Caramba, esto es llegar y triunfar, estuvimos buscando con el telescopio por los alrededores durante un buen rato, pero ya no pudimos ver ningún ejemplar más.


Rhodopechys sanguineus (camachuelo alirrojo), Oukaimeden.

Tras este prometedor inicio volvimos de nuevo al coche con la intención de seguir subiendo, pero apenas recorridos cuatrocientos metros llegamos al siguiente telesilla donde la carretera quedaba cortada. En este punto se había congregado todo el gentío que pretendía disfrutar en las pistas, demasiada algarabía para nuestro gusto por lo que dejamos la carretera por una senda que cruzaba el barranco y seguimos ascendiendo, cargadas con nuestros equipos, a la búsqueda de más pajaretes.


Pajareando por Oukaimeden.

De repente, tras un montículo de nieve, se levantó un pequeño bando de pequeñas aves marrones, ¿serían más camachuelos?. Prismáticos en ristre y a buscar. Un grupito de pardillos comunes que también parecían disfrutar de las laderas nevadas.

Eremophila alpestris (alondra cornuda), Oukaimeden.

Y precisamente en la nieve fue donde localizamos la nuestra primera alondra cornuda, como siempre fue el movimiento el que delató su posición, preciosas con su peculiar tocado, persiguiendo larvas entre las piedras, la vegetación y la nieve.

Eremophila alpestris (alondra cornuda), Oukaimeden.

La tercera primicia en menos de una hora, que gustazo. Poco a poco fuimos aproximándonos a ellas, o ellas a nosotras que eso nunca se sabe, pudiendo disfrutarlas a placer.


Eremophila alpestris (alondra cornuda), Oukaimeden.

De vuelta al aparcamiento, sorteando las más variopintas mercancías de los vendedores cazaturistas, para coger el coche e intentar encontrar algún otro espacio donde comer tranquilamente y seguir pajareando lejos del bullicio de las pistas. Camino del pueblo, en la cuneta, un mirlo capiblanco rebuscaba entre las piedrecillas, nos detuvimos y el nos ignoró siguiendo a lo suyo permitiéndonos hacerle alguna instantánea.


Turdus viscivorus (zorzal charlo), Oukaimeden.

Al llegar al casco urbano tomamos la primera calle que giraba hacia la izquierda ascendiendo por la vaguada hasta un mirador, se oía el canto de lo pájaros a un lado y otro de la pista, por arriba nos sobrevolaba un bando de más de treinta chovas piquigualdas, en una roca un collalba negra desarrollaba sus lances de caza y junto al arroyo más pardillos y alondras cornudas disfrutaban de la tranquilidad de aquel rincón.

Oenanthe leucura (collalba negra), Oukaimeden.

Menudo gusto comer sentados en la hierba tomando el sol y disfrutando del amable canto de las aves.

Pyrrhocorax pyrrhocorax (chova piquirroja), Oukaimeden.

Tras el ágape decidimos acercarnos al pequeño embalse que vimos en la entrada de Oukaimeden. Apostados desde una pista anduvimos oteando con los prismáticos durante un buen rato sin encontrar ni sola especie ni en sus orillas ni en la lámina de agua. Por fortuna para nosotras un bando de chovas piquigualdas decidió que aquel prado donde nos encontrábamos era el lugar ideal para solazarse, situación que aprovechamos con auténtico placer.

Pyrrhocorax pyrrhocorax (chova piquirroja), Oukaimeden.

No tardamos mucho en decidir marcharnos, teníamos intención de bajar hasta el valle y remontar por el Ourika para intentar localizar al pito de Levaillant, además luego aun nos quedaba un buen rato hasta Marrakech y además aun debíamos localizar el que iba a ser nuestro último alojamiento por tierras marroquíes.

Pyrrhocorax pyrrhocorax (chova piquirroja), Oukaimeden.

Anduvimos un buen rato por la orilla del Ourika, mirando y remirando con el telescopio, pero ni rastro del pito, aunque si conseguimos las observaciones de chochín, mirlo común, carbonero común, petirrojo europeo y pinzón vulgar. Empezaba a oscurecer en aquel precioso valle en el que nos hubiese gustado permanecer más tiempo, seguramente volveremos.

Os adjunto el maps con las localizaciones de nuestros avistamientos por estas tierras. Con el icono amarillo las ubicaciones de esta jornada.


Y ya sabes, si quieres echar un vistazo a alguna foto más de esta jornada pincha aquí.

¡Hasta la próxima!

jueves, 16 de abril de 2020

16 de enero de 2020, Oasis de Fint.

El día estaba amaneciendo frío y claro, por momentos el cielo iba ganando un azul radiante y profundo, la cinematográfica ciudad de Ouarzazate, limpia y fluida, empezaba a mostrar los primeros síntomas de actividad. Nosotras, aprovechando las amplias calles despejadas de tráfico, poníamos rumbo al cercano Oasis de Fint.

Tras atravesar un enorme polígono de desarrollo urbanístico, similar a los que habíamos visto en Boumalne Dades o Tinerghir, tomamos una pista sin asfaltar hacia el sur, dejando a nuestra izquierda un pequeño, pero muy sugerente, embalse con no demasiada agua.

La primera sorpresa no tardó en aparecer posada sobre un poste, un espectacular halcón borní (falco biarmicus) que apenas nos dejó echarnos los prismáticos a la cara porque a los treinta segundos decidió despedirse volando hacia el oeste.

No era una mala manera de comenzar la jornada. Un par de kilometros más adelante tomamos el desvío a la izquierda iniciando un considerable descenso hacia el Oasis de Fint, un precioso vergel enclavado en las hoces del río Fint que hace honor a su condición de oasis.


Amaneciendo en el Oasis de Fint.

Una garza real paseaba por la orilla del río intentando lanzar su afilado pico a algún incauto pececillo, mientras tanto los escandalosos bulbules naranjeros jugueteaban entre las copas de las palmeras.

Justo delante de donde aparcamos el coche una hembra de roquero solitario saltaba de un poste a otro del cercado de un huertecito. Los niños empezaron a salir de sus casas cargados con sus mochilas camino de la escuela, hombres y mujeres, azada al hombro y capazo en ristre, tomaban las sendas hacia sus huertas.

El río, frío y cristalino, corría sobre su lecho de blancos cantos rodados mientras en sus orillas los mosquiteros comunes lanzaban sus frenéticos ataques a los insectos que por allí merodeaban.


Motacilla cinerea (lavandera cascadeña), Oasis de Fint.

Una hermosa lavandera cascadeña, colita arriba y abajo, recorría el arroyo picoteando aquí y allá.


Motacilla cinerea (lavandera cascadeña), Oasis de Fint.

Mientras, en la siguiente curva del torrente, un andarríos grande también se entretenía en buscar el sustento entre las piedras.

De vuelta hacia donde habíamos aparcado, fugaz, una hembra de colirrojo diademado se posó sobre una ramita de la que saltó inmediatamente.

Seguimos por la pista el curso del río hasta que esta quedo cortada delante de los restos de un puente que en su día se llevó una avenida. Los muchachos que allí se encontraban no tardaron en acercarse a ofrecernos sus servicios para mostrarnos la zona y llevarnos a tomar un té, nuestras intenciones eran otras, seguir intentando disfrutar de aquella exuberante naturaleza y, si era posible, conseguir alguna foto decente de la hasta aquel momento esquiva fauna.

El más avispado de ellos nos pidió echar un vistazo con el telescopio porque, según nos comentó, nunca había tenido ocasión de hacerlo. Que cara de sorpresa y agradecimiento, satisfecho se acercó a sus compañeros que ya no nos insistieron más en sus demandas.

Aprovechando que los primeros mosquitos levantaban el vuelo hicieron su aparición los aviones paludícolas (Riparia paludicola), iniciando la nómina de bimbos de la jornada.


Monticola solitarius (roquero solitario), Oasis de Fint.

De vuelta sobre nuestros pasos, antes de cruzar el pequeño viaducto que atravesaba el cauce, encaramado sobre un poste, un hermoso roquero solitario oteaba los alrededores.


Monticola solitarius (roquero solitario), Oasis de Fint.

Camino del embalse de Ouarzazate anduvimos mirando por donde habíamos visto el halcón borní con la esperanza de volver a localizarlo, pero pasado un rato decidimos que mejor nos acercábamos al pequeño embalse de Tarmigt, ese que habíamos visto antes a la ida hacia Fint.

Fue una acertadísima decisión ya que apenas enfilamos la pista que bajaba hacia el embalse apareció, 


Phoenicurus moussieri (colirrojo diademado), Embalse de Tarmigt.

sobre un arbusto seco, un bellísimo ejemplar de colirrojo diademado que parecía prestarse a una sesión de fotos, pero nada más lejos de la realidad, una pequeña ráfaga y adiós.


Phoenicurus moussieri (colirrojo diademado), Embalse de Tarmigt.

Al menos no desapareció del todo, quedándose por las cercanías entretenido en sus actividades alimenticias y permitiéndonos disfrutarlo a través del telescopio y los prismáticos.

El pequeño embalse, a pesar de la presencia de un grupo de jóvenes que había ido a pasar el día, se encontraba repleto de aves a tiro óptica pero no de cámara, no obstante resultó de lo más gratificante regalándole a Teresa un complicado bimbo, el correlimos de Temminck (Calidris temmincki), además de poder disfrutar con la presencia de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), agachadiza común (Gallinago gallinago), andarríos grande (Tringa ochropus), bisbita pratense (Anthus pratensis), terrera sahariana (Ammomanes deserti), abubilla (upupa epops), chorlitejo chico (Charadrius dubius), colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), alcaudón norteño (Lanius excubitor), cogujada magrebí (galerida macrorhyncha) y tarabilla europea (Saxicola rubicola).

Después intentamos llegar al embalse de Ouarzazate, primero por la carretera, en la que pudimos observar cogujada magrebí y terrera sahariana, pero antes de llegar al agua un puesto de control con un guarda nos impidió el acceso.


Atlantoxerus getulus (ardilla moruna), Amerzgane.

Por el otro lado del río, desde Ouarzazate, a través de unas estrechas pistas de tierra, también lo intentamos, pero nada, llegaba un punto en que no podíamos pasar. Unos mosquiteros comunes y una tarabilla europea fueron nuestro premio.


Atlantoxerus getulus (ardilla moruna), Amerzgane.


Dado nuestro éxito, decidimos acercarnos a Amerzgane a echar un vistazo por la ribera del río donde nos esperaban las activas ardillas morunas.


Atlantoxerus getulus (ardilla moruna), Amerzgane.


Daba la sensación de que nuestro cupo de aves había quedado cubierto en el pequeño embalse de Tarmigt, así que decidimos volver a Ouarzazate a disfrutar de nuestro primer mercado del viaje. Unas babuchas, deliciosos frutos secos y aromáticas especias llenaron nuestra mochila. 

Un magnífico día largo e intenso que culminaríamos con una deliciosa cena en el restaurante cercano a nuestro alojamiento.

Os adjunto un mapa con la ubicación de nuestros avistamientos. Los iconos azules corresponden a esta jornada.



Y ya sabes, si quieres ver alguna foto más de esta jornada, pulsa aquí.

miércoles, 15 de abril de 2020

15 de enero de 2020, de Merzouga a Ouarzazate por el Valle del Draa.

Como en cada una de las etapas anteriores de nuestro viaje un extraño sentimiento nos invadía, la pena de no poder quedarnos algunos días más a disfrutar de la belleza de estas tierras y de la hospitalidad de sus gentes.


Dunas, Risani.

Tras un espléndido desayuno en Merzouga Camp nuestro anfitrión, Mohamed, nos preguntó sobre nuestro recorrido hasta Ouarzazate y nos recomendó, si no teníamos prisa, ir por Zagora y el Valle del Draa a pesar de que suponía cien kilómetros más. Como ya sabéis la consigna de nuestro viaje era "disfrutar sin prisas", por lo que no tuvimos ninguna objeción que hacer a la sugerencia de nuestro amigo.


Buteo rufinus (ratonero moro), Hassilabied.

Apenas salimos de Hassilabied con el amanecer un precioso ratonero moro parecía querer despedirse de nosotras encaramado en montículo de tierra. 


Corvus ruficollis (cuervo desertícola) Risani.

Unos cortados rocosos algo más allá de Risani eran nuestro primer objetivo, queríamos intentar localizar al búho desértico. Es tan difícil encontrar una aguja en un pajar como a un búho desértico sin saber exáctamente cual su posadero favorito, así que tuvimos que conformarnos con disfrutar de las acrobáticas evoluciones con las que nos obsequiaron los cuervos desertícolas que allí tenían su campo de juegos y con otro de los deseados bimbos...,


Sylvia deserticola (curruca de Tristram). Risani

... la esquiva curruca de Tristram, a la que unos arbustos más allá... 


Sylvia deserticola (curruca de Tristram). Risani

... acompañaba la cogujada magrebí.


Galerida macrorhyncha (cogujada magrebí), Risani.

Una más que interesante parada a pesar de no haber podido encontrar al imposible búho desértico, otra vez será. 


Señales del desierto.

La carretera recta, tranquila, bien asfaltada y absolutamente solitaria se prestaba a parar ante la presencia de cualquier "animalico" que pudiésemos sorprender, y eso parecía que habíamos hecho con este macho de collalba yebélica, sorprenderle antes del aseo diario. 


Oenanthe leucopyga (collalba yebélica) Taghbalte.

Cosas de solteros que no esperan visita.


Oenanthe leucopyga (collalba yebélica) Taghbalte.

Mucho más coqueta y elegante se mostró la preciosa hembra de colirrojo real que encontramos unos kilómetros más adelante, momento en el que, el mundo es un pañuelo, aprovecharon Hamid y los pajareros franceses para adelantarnos.


Phoenicurus phoenicurus (colirrojo real, hembra), Taghbalte.





















Muy breve, fugaz más bien, resultó en encuentro con el colirrojo diademado, que no me permitió más que obtener un cutrefoto lejana. ¡Que ganas de pillarlo en condiciones, caramba!

Phoenicurus moussieri (colirrojo diademado, macho), Taghbalte.

Mucho más entregado y facilón resulto el alcaudón norteño que acompañó nuestra sobremesa en una pequeña vega repleta de huertecitos en Taghbalte.


Lanius excubitor (alcaudón norteño), Taghbalte.

Casi casi llegó a posarse en el extremo del teleobjetivo.


Lanius excubitor (alcaudón norteño), Taghbalte.

Así me gustaría encontrar al colirrojo diademado, no es mucho pedir.


Vega del río Draa.

Parada aquí, pajarillo allá acabamos llegando a Zagora, desde donde íbamos a remontar el curso del río Draa paralelos al tremendo palmeral que lo secunda. Una preciosa vega salpicada de huertas y kasbahs de adobe en la que seguir disfrutando de su gran diversidad.


Streptopelia senegalensis (tórtola senegalesa), Zagora.

No tardamos en localizar sobre un murete a las tórtolas senegalesas, que en esta ocasión resultaron mucho más fáciles de fotografiar que en Jorf.


Streptopelia senegalensis (tórtola senegalesa), Zagora.

También aparecieron sobre nosotras los aviones isabelinos, en esta ocasión pudimos certificar su identificación con alguna foto.


Ptyonoprogne fulicula (avión isabelino), Zagora.

Ptyonoprogne fulicula (avión isabelino), Zagora.



En cada curva de la carretera secundaria que habíamos tomado apenas salir de Zagora íbamos encontrando los más diversos especímenes.


Emberiza sahari (escribano sahariano), Zagora.


Pycnonotus barbatus (bulbul naranjero), Zagora.


Turdus merula (mirlo común), Zagora.

Falco tinnunculus (cernícalo tinnunculus), Zagora.

Así, remontando el río y recorriendo la tarde acabamos llegando a la parte alta del Pequeño Atlas cuando el sol empezaba a ocultarse, todo un espectáculo gratuito a nuestra completa disposición.


Atardecer en el Draa.

Desde lo más alto ya veíamos en lontananza las luces de Ouarzazate, en un rato estaríamos en nuestro nuevo destino y en disposición de disfrutar de una suculenta cena vegetariana.

Si quieres ver alguna foto más de este día por Marruecos pulsa aquí.

Los iconos verde oscuro del mapa indican las localizaciones de las observaciones de esta jornada.




¡Hasta la próxima!